Revista Papel Político Estudiantil
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Fecha de publicación: Jul 28, 2022


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El Paro Nacional visto desde la Pontificia Universidad Javeriana: un análisis gramsciano de la movilización social en Colombia

The National Strike seen from the Pontificia Universidad Javeriana: a Gramscian analysis of social mobilization in Colombia.

José David Escobar Franco**  /  María Camila Perea***  /  Daniela Osorio****  /  Gabriel Rivera   /  Camacho*****  /  Nicolás Rodríguez******

Dedicado a los estudiantes y a quienes lo han sido.

Resumen

Este trabajo examina la participación del movimiento estudiantil de Colombia en el Paro Nacional de 2019 a la luz de la conformación de un posible bloque histórico que transforme la estructura hegemónica bajo la cual se rige el país. Para ello, se parte de la teoría crítica gramsciana, útil para explicar los procesos de transformación social y se aplica una metodología cualitativa sobre una muestra representativa de estudiantes de la Pontificia Universidad Javeriana que están en las movilizaciones sociales. La metodología consiste en una encuesta y un posterior grupo focal donde se pregunta a los participantes por sus motivos para participar del paro, su percepción de las instituciones hegemónicas y su posición frente a otros actores del proceso de movilización. Se confirma que el movimiento estudiantiles un actor de carácter heterogéneo con debates internos relativos a las formas de organización, representación e interacción con otros actores.

Palabras clave:

Movimiento estudiantil, bloque histórico, Paro Nacional, clases subalternas, movilización social, heterogeneidad.

Abstract

This article examines the participation in the Colombian Student Movement (CSM) in the 2019 National Strike in light of the formation of a potentially historical bloc that defies the country’s hegemonic governing structure. To do this, the author uses Gramsci’s critical theory as the basis of defining processes of social transformation, and carries out a qualitative analysis of data collected from of a representative sample of students at Pontificia Universidad Javeriana who participate in social mobilization. The data collection methodology consists of a survey and a subsequent focus group in which participants were asked about their reasons for participating in the strike, their perception of hegemonic institutions, and their position vis-à-vis other actors in the mobilization process. The findings confirm that the CSM is a collective actor of heterogeneous character with internal debates regarding the forms of organization, representation, and interaction with other actors. Such heterogeneity may hinder the formation of a historical block capable of generating structural transformations.

Keywords:

Student movement, historical bloc, National Strike, subaltern classes, social mobilization, heterogeneity.

  1. Introducción

El 21 de noviembre de 2019, a poco más de un año de mandato del presidente Iván Duque Márquez, tuvo lugar en Colombia una ola de movilizaciones sociales conocida como “Gran Paro Nacional”. Fue convocada por clases subalternas diversas y grupos sociales inconformes, tales como los estudiantes universitarios, la Federación Colombiana de Educadores (Fecode), la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), la Confederación de Pensionados y el Congreso de los Pueblos. Más tarde las clases subalternas y los grupos sociales nombrados anteriormente, se agruparon junto con población indígena, LGBT (lesbianas, gais, bisexuales y transgénero), mujeres, afrodescendientes y partidos de oposición en el llamado “Comité Nacional de Paro”. Se trató de un acontecimiento con una asistencia inédita que fue inicialmente convocado para un solo día pero que acabó extendiéndose hasta enero de 2020. La movilización apelaba a múltiples causas, tales como unas mejores políticas de educación, la protección a los líderes sociales y el cumplimiento de los acuerdos de paz. Además, se movilizaba en contra de los altos niveles de corrupción en las entidades públicas, y las políticas económicas, laborales, medioambientales y pensionales del gobierno. Este trabajo concentra su atención sobre el movimiento estudiantil como una de las principales clases subalternas, líderes y catalizadoras del Paro. Esto en buena parte porque el movimiento estudiantil en Colombia ha estado presente tanto en la convocatoria como en el ejercicio de liderazgo en muchas de las movilizaciones sociales que anteceden a la de 2019 y han sido de manera visible agentes de cambio.

El trabajo partirá de un marco conceptual de teoría crítica gramsciana, puesto que se considera la más apropiada para la comprensión de un posible momento de transformación estructural en Colombia. Esto porque la esencia de la teoría crítica gramsciana se interesa, precisamente, por el proceso continuo de cambio histórico. La propuesta gramsciana sostiene que, en momentos de crisis orgánicas, es decir aquellos en las que una estructura social se agota de manera irremediable, es el momento óptimo para la generación de cambio. Este cambio depende de que las distintas clases subalternas como los grupos sociales que disienten de la hegemonía que detenta el poder se organizan en un bloque histórico capaz de transformar las ideas que predominan en su entorno social a través de las instituciones que otrora respaldarían a la hegemonía (Gramsci, 1980). Tales instituciones pueden ser la iglesia, las escuelas, los medios de comunicación, las universidades e inclusive la misma familia. Así, en la medida que estas clases subalternas disidentes se organicen y logren alterar a su favor las ideas presentes en esas instituciones, lograrán no solo tomarse el poder sino recibir respaldo de la población. La diversidad de actores disidentes que se unieron en el Paro Nacional de 2019 es un rasgo fundamental para la aplicabilidad de la teoría crítica gramsciana a este caso, pues permite asumir que se ha consolidado un bloque histórico. No obstante, el mismo Gramsci reconoce la dificultad metodológica para determinar si un proceso histórico es orgánico o simplemente coyuntural. Por eso, este trabajo no pretende indicar si Colombia atraviesa en el Paro Nacional un momento de crisis orgánica o coyuntural, sino de diagnosticar el estado del proceso de la movilización del movimiento estudiantil entre noviembre de 2019 cuando comienza el Paro Nacional y marzo de 2020 cuando las movilizaciones se atenúan por cuenta de la coyuntura de la pandemia de COVID-19.

Este trabajo implementará una metodología cualitativa que consiste en encuestas y un grupo focal aplicado sobre la población de estudiantes de la Asamblea Estudiantil de la Pontificia Universidad Javeriana. Se escoge dicha población porque permite analizar un fragmento del movimiento estudiantilque, como se enunció anteriormente, se asume catalizador del Gran Paro Nacional, pero, al mismo tiempo, se elige dicha población porque posee una condición histórica relevante: en septiembre de 2019, la fuerza pública, a través del Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD), intervino en el campus de esa universidad y arremetió contra los estudiantes que desde allí protestaban de manera pacífica contra el caso de corrupción en la Universidad Distrital Francisco José de Caldas. Ese episodio amplificó la cobertura de medios de comunicación sobre las movilizaciones estudiantiles, pues era un hecho noticioso el que se interviniera en una universidad privada. Sin embargo, fue relevante para el movimiento estudiantil en tanto rompió la barrera de clase que existía dentro del mismo entre universidad pública y privada y esto contribuyó a su cohesión interna.

  1. Descripción del caso a partir de datos generales

Colombia está regido por la Constitución Política de 1991. Una Constitución de corte liberal nacida de la Asamblea Nacional Constituyente fruto del movimiento estudiantil de la Séptima Papeleta que fue famoso por su amplitud en el reconocimiento de derechos y libertades civiles. A pesar de esto, el Estado colombiano ha sido señalado históricamente de permitir e incluso ejecutar graves violaciones a los derechos humanos, de la persecución a periodistas, líderes sociales y políticos de oposición (Human Rights Watch, 2019).

Desde 2018 Iván Duque Márquez es el presidente de Colombia. Duque hace parte del partido de derecha Centro Democrático, el cual posee la mayoría de curules en el Senado de la República. En la Cámara de Representantes, la mayoría está ocupada por el Partido Liberal Colombiano, el cual es uno de los dos partidos tradicionales de Colombia y, si bien este se declara independiente y sus militantes son relativamente diversos en el espectro ideológico, el partido endosó oficialmente a Iván Duque en su campaña de segunda vuelta en las elecciones de 2018 y se ha posicionado en la misma línea de muchos proyectos de ley del Centro Democrático. Los partidos que se declaran en oposición al gobierno (Alianza Verde, Coalición Decentes, Polo Democrático Alternativo, FARC) son de izquierda y centro-izquierda, y ocupan minoría en el aparato legislativo. No obstante, en las elecciones regionales de 2019, estos partidos junto con movimientos ciudadanos independientes se hicieron con las administraciones de varias de las principales ciudades del país y municipios donde el Centro Democrático o los partidos tradicionales habían ejercido hegemonía.

Una de las mayores polémicas que se ha debatido tanto en el ámbito institucional como en la opinión pública ha sido la política económica de Iván Duque. En su campaña se abanderó de la propuesta de revitalizar la economía y combatir la inflación a partir de la creación de oportunidades e incentivos para el emprendimiento. Esta propuesta, sin embargo, iba ligada a una serie de exenciones fiscales a empresas privadas. De manera que al disminuir el recaudo fiscal en el sector privado, que de por sí había tenido amplias exenciones en las administraciones previas, fue necesario compensar el déficit a través de una reforma tributaria que imponía un gravamen sobre la canasta familiar y de la privatización de empresas públicas (CEPAL, 2019).

Tal como el presidente prometió, la economía en 2019 tuvo cifras positivas: una tasa de crecimiento del 3 % (DANE, 15 de agosto, 2019). Colombia es el único país de la región que supera este porcentaje. Sin embargo, esa prosperidad no parece tener el visto bueno del ciudadano del común. Para noviembre de 2019 el Índice Confianza del Consumidor (ICC) bajó a -14,4 % (Fedesarrollo, 2019). Ligado a esto, entre 2017 y 2018 hubo un aumento del 0,7 en el coeficiente de Gini, es decir, un aumento de la desigualdad (Banco Mundial, 2019). De igual manera, la tasa de desempleo para 2020 aumentó en 5,4 puntos frente al 2019, representando el 15,9% (DANE, 2020).

Quienes protestan atribuyen dichos cambios a que el gobierno ha seguido las recomendaciones de corte neoliberal (Comité Nacional de Paro, 2019), concentradas en maximizar la eficiencia económica, dadas por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) para combatir la inflación que ronda cerca del 3 % (OCDE, 2019).

  1. Descripción de los procesos de movilización

El Paro Nacional del 21 de noviembre y su desarrollo en las semanas posteriores marcó un hito en Colombia pues el país no ha tenido una tradición de protesta, al contrario de esto ha sido en alto grado institucionalista (Pardo, 2019) y, además, posee una tasa de representatividad sindical baja para la región: 4,4 % (MinTrabajo, 2018). El único antecedente de semejante magnitud fue el Paro Cívico Nacional de 1977 que unió las principales centrales obreras del país con el movimiento estudiantil y el sindicato de docentes. Dicho paro logró que la administración de Alfonso López Michelsen retirara políticas desfavorables para los trabajadores e implementara reformas laborales que disminuyeron el desempleo en el mediano plazo (Cabrera, 2019).

El movimiento estudiantil tuvo antecedentes recientes importantes. En primer lugar, el paro estudiantil de 2011 logró que el gobierno de Juan Manuel Santos retirara el proyecto de reforma a la Ley 30 de 1992[1], la cual acentuaba las dinámicas neoliberales al someter la investigación académica a dinámicas de mercado. El movimiento consolidó la Mesa Amplia Nacional Estudiantil, una organización estudiantil con reconocimiento nacional (Cruz, 2012) que años más tarde resultaría en la Unión Nacional de Estudiantes de Educación Superior (UNEES). En segundo lugar, en el paro estudiantil de 2018 los sindicatos de docentes universitarios, estudiantes organizados en la UNEES y líderes indígenas organizados en la Red de Cabildos Indígenas Universitarios (CIU), la cual se acogió como parte de la UNEES, acordaron con el gobierno de Iván Duque un aumento en el presupuesto de la educación superior, una reforma del modelo de financiación establecido en la Ley 30 y una reforma del sistema de créditos para la educación del Instituto Colombiano de Crédito Educativo y Estudios Técnicos en el Exterior (ICETEX) (Gómez, 2018). Y, en tercer lugar, las protestas contra la corrupción en la Universidad Distrital en septiembre de 2019, tras las cuales los estudiantes lograron crear una Asamblea Universitaria, y a su vez, la destitución del exdirector del Instituto de Extensión acusado de ser el responsable del caso de corrupción que se señalaba. Este último caso es relevante porque visibilizó ante la opinión pública lo que luego sería uno de los motivos de protesta en el Paro Nacional: el uso desmedido de la fuerza pública impartida por el Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD) al ingresar por primera vez al campus de la Pontificia Universidad Javeriana, una universidad privada, y en cierto grado de élite (El Tiempo, 25 de noviembre, 2019).

De igual manera, los grupos sindicales que convocaron el paro habían realizado sus propios paros gremiales para presionar al gobierno a decidir en su favor, y también habían protestado en contra de medidas de corte neoliberal que perjudicaban sus economías y sus condiciones de trabajo. Por ejemplo, los paros agrarios de 2013, 2014 y 2016, los paros de camioneros en 2011, 2018 y 2019, entre otros (Congreso de los Pueblos, 2020). En las mencionadas movilizaciones, los grupos en general habían respaldado sus causas entre sí, aunque no se habían comprometido con estas. Sin embargo, la novedad del Gran Paro Nacional fue que se evidenció cohesión en medio de la heterogeneidad de quienes se manifestaban. El analista Sergio Guzmán de Colombia Risk en Semana, lo resume así:

Hubo cuatro grandes puntos de inflexión para intensificar las manifestaciones. El primero fue la respuesta del Gobierno; en su alocución presidencial, Duque habló principalmente de orden público sin reconocer las razones que desataron la protesta. El segundo punto fue el cacerolazo de la noche del 21 de noviembre, que demostró una mayor heterogeneidad entre los manifestantes. Con el primer cacerolazo los habitantes de barrios de clase alta, mediana y baja manifestaron de forma pacífica su descontento con el Gobierno. El tercero fueron los episodios de saqueos y vandalismo en Cali y Bogotá, calificados por diversas autoridades, incluido el alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, como una campaña organizada para causar temor. El cuarto momento fue la muerte de Dilan Cruz, manifestante de 17 años, a causa de un proyectil disparado por el ESMAD durante las protestas. (Guzmán, 2019)

De manera que las clases subalternas que convocaron el Gran Paro Nacional se organizaron a través del Comité de Paro Nacional con el objetivo primordial de formar un bloque unificado de agentes en condición de horizontalidad que, a diferencia de las anteriores movilizaciones, defienden sus causas entre sí y se abanderan de estas. Sin embargo, dichos agentes han tenido entre sí conflictos de intereses que dificultan su cohesión interna y se han hecho evidentes mediante las respuestas que las diversas partes han tenido ante la Gran Conversación Nacional con la que el gobierno respondió al paro. (El Tiempo, 21 de septiembre, 2020) Por ejemplo, la puja por intereses partidistas, particularmente de militantes o simpatizantes de la facción del Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario (MOIR) del partido Polo Democrático Alternativo ha generado separación entre el movimiento estudiantil y los movimientos sindicales (V. Ávila,  comunicación telefonica, 3 de mayo de 2020).

  1. Marco conceptual

El proceso de movilización social vivido en Colombia a través del Gran Paro Nacional del 21 de noviembre de 2019 fue, por su tamaño, un hito histórico en el país. Colombia es un país donde sus ciudadanos parecían tener una preferencia por las vías institucionales, que ahora hayan optado de manera masiva por la protesta representa ya un cambio. El cambio, dada su inherente incertidumbre, es la opción más arriesgada ¿qué lo incentiva en esta ocasión?, ¿se trata de un momento de crisis orgánica?, ¿es el Comité de Paro Nacional un bloque histórico capaz de aprovechar la crisis para el cambio?, o es por el contrario ¿una crisis meramente coyuntural poco significativa para el estado actual de las cosas?

Esta investigación pretende cuando menos aproximar una respuesta a estas preguntas. No obstante, se recone la limitación que existe con la coyuntura actual. Para ello, se empleará como marco teórico la teoría crítica neogramsciana propuesta por Robert Cox (2014). Para este autor “la teoría crítica es teoría de la historia, en el sentido de estar interesada no solo en el pasado, sino también en el proceso continuo de cambio histórico” (p.134). Esta se caracteriza por tener una explicación histórica a los hechos y a los agentes de cambio, ya que son el producto de una decantación a través de los años para cambiar el orden establecido materializado a través de las instituciones.

Al igual que otras teorías, la teoría crítica busca dar una explicación del entorno donde esta se ubica y para esto se requiere ser consciente de la perspectiva en la que se ubica. Según Cox (2014), las perspectivas derivan de una posición en el tiempo y el espacio, específicamente político y social (p.132). Sin embargo, es una teoría distinta de otras en tanto que, como lo explica autor, esta “debe rechazar las alternativas improbables tanto como rechaza la permanencia del orden existente. En este sentido, la teoría crítica puede ser una guía de acción estratégica en la búsqueda de un orden alternativo” (Cox, 2014, p.134). Mientras que las teorías de solución de problemas aceptan los parámetros dados por las instituciones, es decir, dan por sentado el statu quo, la teoría crítica estudia cómo estas se transforman.

Es por eso que la teoría crítica permite interpretar de manera amplia los motivos, el comportamiento y la ubicación del movimiento Estudiantil. La historia de este movimiento en Colombia puede rastrearse hasta los inicios del siglo XX. Desde entonces, el movimiento ha cuestionado la capacidad del Estado y el orden existente para garantizar el derecho a la educación de calidad para toda la población y ha buscado generar cambios profundos en el sistema educativo así como la reivindicación de la educación pública. Para Cox (2014), la teoría crítica nos permite una opción normativa a favor de un orden político y social diferente del orden imperante, pero limita la gama de elección a los órdenes alternativos que sean transformaciones factibles en y del mundo existente (p.134). Así, esta teoría es aplicable a la población de estudiantes que en las movilizaciones del Paro Nacional manifestaron la necesidad de que el Estado y las instituciones de la hegemonía como la universidad se transformen. Esto se ha hecho no solo a través de protestas, sino mediante varios encuentros de negociación directa con el Estado[2].

Para Cox (2014) el cambio ocurre siempre en el marco de una estructura histórica: una combinación de capacidades materiales, ideas e instituciones. Las capacidades materiales son literalmente los recursos disponibles de quienes ejercen el poder. Las ideas se dividen en significados intersubjetivos comunes a todos e imágenes colectivas, es decir visiones de mundo particulares de ciertos sectores o individuos. Lo anterior sugiere que las instituciones finalmente son una amalgama de ideas y capacidades materiales. En cuanto a las capacidades materiales, Colombia es un país de capacidad adquisitiva media alta que ha propendido por el crecimiento de esas capacidades a través de medidas de corte neoliberal. El país ha sido de tradición católica, cristiana y conservadora y nunca ha tenido presidentes de izquierda, sus instituciones son ciertamente las de una democracia liberal y su rama judicial ha manifestado históricamente una visión liberal de los derechos civiles.

Para que ocurra un cambio estructural es necesario que las clases subalternas, aquellas que disienten del consenso que mantiene la hegemonía de quien domina conformen un bloque histórico que transforme los aparatos de la hegemonía. Es decir que los grupos poblacionales disidentes transformen las instituciones que garantizan el liderazgo político y moral de la clase dirigente, la cual, si bien dispone de la violencia y la coerción, se vale de la aceptación de la dominación y el poder de una manera consensual por parte de los sujetos subordinados (Szurmuk e Irwin, 2009). El bloque histórico es la unión de todas las clases subalternas y tiene la suficiente capacidad de agencia para ejercer un cambio estructural. Esto es posible solo si las clases subalternas ceden en sus intereses particulares (corporativos) para defender una causa común a todas; si al menos una de estas clases logra que las demás se apropien de sus intereses y valores para consolidar así un mismo fin común contrario al orden hegemónico; y también si hay una situación de crisis orgánica (Modonesi, 2010). La crisis orgánica se da cuando un orden social dominante, si bien se mantiene por sus mecanismos de coerción, deviene en contradicciones incurables que impiden la sostenibilidad de su propia estructura (Gramsci, 1980; Laso, 2006).

Iván Duque llegó a la presidencia de Colombia en 2018 como una apuesta por la continuidad del régimen de Álvaro Uribe Vélez, quien fue presidente entre 2002 y 2010. De igual manera, el expresidente Juan Manuel Santos llegó a la presidencia en 2010 con la misma promesa. Todo esto evidencia que en Colombia existió por al menos 16 años una hegemonía del discurso uribista conservador y tradicional que cree en un Estado de pequeño tamaño en libertades económicas, pero de gran tamaño en su control sobre las libertades civiles. Sin embargo, la reducida capacidad de gobernabilidad que ha tenido el gobierno Duque y su histórica y ágil impopularidad (de acuerdo con Ivamer, citado por Semana, 2019), su desaprobación en el primer año de gobierno era del 69 %), cuyas consecuencias se traducen en el tamaño del Paro Nacional de 2019, sugieren un posible momento de crisis orgánica: un declive del discurso hegemónico uribista.

Ahora bien, la heterogeneidad de participantes del Paro Nacional, que además de grupos sociales organizados incluyó a la ciudadanía común no activista, forma a primera vista un bloque histórico: casi la totalidad de clases subalternas de Colombia unidas en la defensa de causas tan diversas como ellas mismas.

Colombia podría estar ante un escenario de revolución que resulte en un cambio de estructura, pero esto depende de la cohesión de las clases subalternas que conforman el bloque histórico. Tal cohesión se ha puesto varias veces en duda. Particularmente, tras las manifiestas inconformidades de los miembros de muchos de los movimientos del Paro que dicen no sentirse representados por quienes han tenido vocería en la Gran Conversación Nacional promovida por el gobierno (El Tiempo, 2020). De la misma manera ha sucedido con el Movimiento Estudiantil, donde se señala que han habido intentos de instrumentalización y cooptación por parte de partidos politicos.

  1. Propuesta de diseño de encuesta

En el año 2018 se crea la plataforma de la UNEES determinada por múltiples expresiones ideológicas y organizativas. Esta plataforma es amplia, unitaria, descentralizada y está constituida por múltiples organizaciones que a lo largo de la historia han luchado por el derecho a la educación, pero a su vez abre la oportunidad a estudiantes independientes que de manera genuina están interesados en participar en la construcción de un modelo de educación superior alternativo.

La plataforma se encuentra cimentada dentro de la teoría de la democracia radical donde a través de la construcción de la lógica de consensos se toman las decisiones. Por ende, se encuentra dividida en subcomisiones que buscan gestionar y administrar las exigencias y las demandas del movimiento estudiantil en Colombia. Estas subcomisiones son tan diversas que van desde estrategias comunicativas para visibilizar el movimiento hasta comisiones de derechos humanos que buscan romper con la persecución histórica que ha vivido el movimiento estudiantil por parte del Estado colombiano. Actualmente, la UNEES cuenta con la presencia y participación de 52 instituciones de educación superior tanto públicas como privadas, las cuales reconocen la plataforma como la máxima instancia del movimiento estudiantil en Colombia. Una de esas instituciones es la Pontifica Universidad Javeriana, que se relaciona con la UNEES a través de la Asamblea Estudiantil. La Asamblea se plantea como un espacio de encuentro y de discusión por parte de la comunidad javeriana para dar soluciones a las problemáticas de la universidad y permitir la vocería a todos los estudiantes. (Comunicación personal, 2020)

Esta investigación aplicó una encuesta a una población de 35 estudiantes que participan activamente de la Asamblea Estudiantil Javeriana. Estos estudiantes son considerados una fuente primaria de información por ser participantes directos de los procesos de movilización estudiantil y, en ese sentido, se asume que son parte de una clase subalterna.

La Pontificia Universidad Javeriana es una institución de educación superior privada, católica y regentada por la Compañía de Jesús. Se considera como una institución hegemónica especial, por un lado, por su condición de institución educativa que, aunque privada, está alineada con parámetros y dinámicas estatales; y por otro, porque es una institución de la iglesia. Vale aclarar que la Compañía de Jesús no siempre ha estado en la misma línea de la hegemonía. Aproximadamente la mitad de sus los estudiantes de la Javeriana adquieren créditos con el ICETEX para estudiar. A pesar de que es considerada en el imaginario colectivo colombiano como una universidad de élite, la Javeriana ha sido escenario de espacios de debate y de movilización estudiantil. Estudiantes javerianos formaron parte del movimiento estudiantil por la Séptima Papeleta que resultó en la Asamblea Nacional Constituyente de 1991. Allí, entre otros, surgen el grupo de estudios Alí Primera, el grupo estudiantil feminista Polifonía y el observatorio de conflicto y paz Benkos Biohó con fuerte inclinación por la construcción de paz y la movilización social. La Javeriana hizo visible, ante un mayor foco de atención mediática, los excesos en el uso de la fuerza llevados a cabo por el ESMAD con la represión de manifestaciones sociales cuando esa unidad de la policía ingresó al campus de la Universidad para reprimir las manifestaciones pacíficas en septiembre de 2019 (El Tiempo, 25 de noviembre, 2019). Esto porque los estudiantes javerianos se adhirieron a las movilizaciones para apoyar a los estudiantes de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas.

Con la encuesta se esperaba conocer tanto la percepción de los estudiantes javerianos sobre el Paro Nacional como la cohesión con otros actores del Paro. En la medida en que se perciba un nivel de cohesión altose podrá apoyar la hipótesis de la conformación de un bloque histórico con potencial de agencia para un cambio estructural. Se interpeló a los encuestados por los motivos del paro, su percepción sobre instituciones que actuaron en la coyuntura, su aceptación del pliego de peticiones promovido por el Comité de Paro Nacional y su identificación o rechazo hacia otras facciones del Paro Nacional en la posible conformación de un bloque histórico como proceso de alianza de clases subalternas. Se preguntó por estas facciones de manera abierta para conocer cuáles agentes están presentes en el imaginario de los estudiantes.

  1. Sistematización y presentación de resultados

6.1 Encuesta

La Asamblea Estudiantil de la Pontificia Universidad Javeriana es un espacio de encuentro y discusión de la comunidad estudiantil de esa universidad que está abierto a todos los estudiantes. Quienes participan lo hacen de manera voluntaria y no poseen compromisos ni membresías. La participación en la Asamblea es fluctuante y por ello no es posible acertar un tamaño específico de la población analizada. Sin embargo, de acuerdo con quienes lideran la Asamblea, es posible calcular una participación variable de entre 60 y 80 personas (A. Sánchez, comunicación personal, 17 de marzo de 2020). Se encuestó a una población de 35 personas que han participado de las reuniones de la Asamblea. Se trata de un grupo de estudiantes javerianos, hombres y mujeres entre los 18 y 26 años.

La primera parte de la encuesta hizo mayor énfasis en la percepción de las instituciones. Se pidió a los encuestados que calificaran de 1 a 10 (1 pésimo y 10 excelente) la conducta en el Paro Nacional del gobierno nacional, la policía nacional, los medios de comunicación, la alcaldía de Bogotá y la Pontificia Universidad Javeriana, todas consideradas instituciones hegemónicas. Los resultados fueron los esperados[3]:

Como se evidencia en la Figura 1, la mayoría de encuestados (18 de 35) calificó con un 1 la labor del gobierno nacional, es decir la calificó como pésima. El promedio total de calificación fue de 1,97 puntos. En comparación con los demás, los datos estuvieron poco dispersos y, de todas las preguntas, es donde hubo menos diversidad de opiniones (la desviación estándar fue de 1,33).

Figura 1:

Percepción de la labor del Gobierno Nacional en la coyuntura del Paro Nacional

Como se puede observar en la Figura 2, la mayoría de encuestados calificó con un 1 (9 de 35) y un 2 (8 de 35) la labor de la Alcaldía de Bogotá, también de pésima. El promedio total de calificación fue 3,22 puntos. En comparación con los demás, los datos estuvieron en alto grado dispersos (la desviación estándar fue de 2,15).

Figura 2:

             Percepción de la labor de la Alcaldía de Bogotá en la coyuntura del Paro Nacional

Como se observa en la Figura 3, la mayoría de encuestados (22 de 35) calificó con un 1 la labor de la Policía Nacional, es decir de pésima. El promedio total de calificación fue 1,82 puntos. En comparación con los demás, los datos fueron poco dispersos (la desviación estándar fue de 1,46) y fue la institución hegemónica que obtuvo más baja calificación.

Figura 3:

Percepción de la labor de la policía en la coyuntura del Paro Nacional

                    Fuente: elaboración propia

Como se puede observar en la Figura 4, la mayoría de encuestados calificó con un 1 (9 de 35) y un 3 (9 de 35) entre pésima y mala la labor de los medios de comunicación. El promedio total de calificación fue 2,75 puntos. En comparación con los demás, los datos estuvieron en mediano grado dispersos (la desviación estándar fue de 1,68).

Figura 4:

Percepción de la labor de los medios de comunicación en la coyuntura del Paro Nacional

                  Fuente: elaboración propia

Como se evidencia en la Figura 5, la mayoría de encuestados (22 de 35) calificó con un 6, es decir de aceptable, la labor de la Pontificia Universidad Javeriana. El promedio total de calificación fue 5 puntos. En comparación con los demás, los datos fueron en alto grado dispersos (desviación estándar: 1,97) y fue la institución hegemónica mejor calificada.

Figura 5:

Percepción de la participación de la Pontificia Universidad Javeriana en la coyuntura del Paro Nacional

           Fuente: elaboración propia

También se pidió calificar con la misma escala a los estudiantes, a los partidos políticos en general[4] y al Comité Nacional de Paro, todos actores contrahegemónicos. Los resultados fueron los siguientes:

En general, como se muestran en la figura 6 la participación de los estudiantes es calificada entre buena y excelente. De los 35 encuestados 7 los calificaron con un 6; 7 con un 7; 7 con un 8; 5 con un 9; y 5 con un 10. El promedio de calificación fue 7,45 puntos. En comparación con los demás, los datos fueron medianamente dispersos (la desviación estándar fue de 1,65).

Figura 6:

 Percepción de la participación de los estudiantes en la coyuntura del Paro Nacional

                Fuente: elaboración propia

Como se observa en la Figura 7, la mayoría de encuestados calificó como pésima, con 1 (7 de 35) y un 2 (7 de 35), la labor del Comité Nacional de Paro. El promedio total de calificación fue 3,85 puntos. En comparación con los demás, los datos estuvieron en un muy alto grado dispersos (la desviación estándar fue de 2,41). Esta es la institución frente a la cual hay mayor diversidad de opiniones en tanto que hay mayor dispersión de datos.

Figura 7:

Percepción de la labor del Comité Nacional del Paro en la coyuntura del Paro Nacional

                     Fuente: elaboración propia

Como se evidencia en la Figura 8, la mayoría de encuestados calificó entre mala y pésima 3 (10 de 35), 2 (8 de 35) y 1 (7 de 35) la labor de los partidos políticos. El promedio total de calificación fue 3,05 puntos. En comparación con los demás, los datos estuvieron en mediano grado dispersos (la desviación estándar fue de 1,71).

Figura 8:

 Percepción de la participación de los partidos políticos en la coyuntura del Paro Nacional            

           Fuente: elaboración propia

La encuesta poseía dos preguntas abiertas que aludían a los objetivos del Paro Nacional. La primera de ellas fue ¿cuáles fueron sus motivos para participar del Paro o bien para no hacerlo? Esta pregunta buscaba conocer las motivaciones personales para asistir a las movilizaciones y, por ende, con qué causas se identificaban. La segunda fue, para usted ¿cuál era el objetivo del Paro Nacional? La cual pretendía conocer cuáles eran las causas que se percibían más importantes tanto a nivel general como a escala nacional sobre los procesos de movilización.

Llama la atención que, si bien se señalan diversas causas de distintos órdenes (justicia social, mala gestión del gobierno, asesinato de líderes sociales, cuestiones medioambientales), la alusión a problemáticas relacionadas con educación es mínima. A continuación se explica: en las respuestas a la primera pregunta hubo un promedio de 22,4 palabras por respuesta. De las 35 respuestas, 12 aludieron a la educación como una de sus causas personales para manifestarse. Entre las otras respuestas aparecen la lucha en favor del medioambiente, la justicia social, y en contra de la desigualdad y el neoliberalismo. En las respuestas a la segunda pregunta hubo un promedio de 22,8 palabras por respuesta. Es necesario destacar que la pregunta se ubicaba inmediatamente después de la pregunta cerrada con opción sí o no: ¿considera que el Paro Nacional cumplió su objetivo? Muchas de las respuestas permiten ver que los encuestados interpretan la pregunta como si aludiera al porqué de su respuesta anterior, dado que la mayoría (91,4 %) contestó que el paro no había cumplido su objetivo.

Únicamente se alude a la educación en solo 5 de 35 respuestas. Son más comunes las alusiones a móviles como la inseguridad, el abuso de autoridad, la necesidad de transformaciones estructurales a nivel nacional, la injusticia y la persecución a líderes sociales. Aunque la pregunta no era en sí misma sobre este punto específico, muchas personas respondieron que sentían que en el Paro había faltado cohesión entre sus propios actores y que al final se había perdido el objetivo de la movilización.

Finalmente, la pregunta ¿considera que algún actor o facción no debería hacer parte del comité nacional del paro? fue contestada de manera afirmativa por 18 personas y de manera negativa por 17. Esto quiere decir que la muestra está dividida prácticamente a la mitad.

Aquellos que están a favor de excluir algún jugador varían entre respuestas generales como las siguientes: “los partidos políticos”, “cualquiera que quiera utilizar los movimientos sociales para enriquecerse, hacer campaña política o para conseguir aspectos personales”, “todos los que de base promuevan discursos de odio”, y respuestas específicas, entre las cuales se señala directamente a ACREES, el Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario (MOIR), la CUT y el Partido Polo Democrático Alternativo.

Si se analiza la muestra en dos grupos separados, distinguidos entre los que están a favor de excluir algún actor del paro y los que están en contra de hacerlo, se obtienen estadísticas distintas sobre las preguntas iniciales que consistían en calificar instituciones. En la mayoría de los casos, quienes están en contra de excluir algún actor califican con un puntaje más alto a las instituciones y poseen una desviación estándar alta en sus respuestas, es decir, que hay más diversidad de opiniones entre ese grupo. En cambio, el grupo que está a favor de excluir algún actor del Paro Nacional tiende a calificar a las instituciones con un puntaje más bajo y posee igualmente una desviación estándar baja frente a la del otro grupo y, por ende, una menor diversidad de opiniones y mayor consenso. Los datos son presentados en la siguiente tabla.

Tabla 1:

Distribución de datos según a favor o en contra de excluir algún actor

Instituciones

En contra de excluir algún actor

a favor de excluir algún actor

Promedio de calificación

Desviación estándar

Promedio de calificación

Desviación estándar

Gobierno Nacional

2,352

1,578

1,611

0,978

Alcaldía de Bogotá

3,823

2,068

2,666

2,142

Policía

2,352

1,835

1,333

0,766

Medios de comunicación

3,533

1,884

1,928

0,916

Partidos políticos

3,117

2,088

3

1,328

Pontificia Universidad Javeriana

5,294

1,611

4,722

2,227

Comité nacional de paro

4,941

2,331

2,833

2,065

Estudiantes

7,117

1,727

7,778

1,555

Fuente: elaboración propia

Cabe destacar que cuando se le preguntó a los encuestados qué tan informados o informadas se sentían respecto del Paro Nacional en una escala de 1 a 5, siendo 1 “totalmente desinformado” y 5 “totalmente informado”, el promedio fue 3,821, lo que puede considerarse como “bastante informados”. Cuando se observa este mismo promedio en los dos grupos separados a favor y en contra de excluir algún actor, este promedio no cambia significativamente: 3,857 y 3,785 respectivamente. No obstante, no sucede así en la pregunta de indicar de 1 a 10 qué tanto participó del Paro Nacional de 2019, donde 0 es equivalente a “no participé de ninguna manera” y 10 equivalente a  “asistí a la totalidad de movilizaciones y eventos del Paro”. El promedio general fue de 8,714, con una desviación estándar de 2,621 y pocos resultados atípicos. Cuando se hace la división entre los grupos a favor y en contra de excluir algún actor, el grupo que está a favor tuvo un promedio de participación de 9,117 puntos con una desviación estándar de 1,15. Es decir, un punto por encima del promedio general y una diversidad de respuestas baja: el rango está entre 7 y 10. En cambio, el grupo que está en contra de la exclusión de algún actor tuvo un promedio de participación de 8,235 con una desviación estándar de 1,921. Es decir, por debajo del promedio general de participación y una diversidad más alta en la cantidad de participación: el rango está entre 3 y 10.

6.2 Grupo focal

Para el análisis de los resultados de la encuesta se realizó un grupo focal con cuatro voluntarios de la muestra encuestada que dejaron su correo electrónico al final del formulario. El objetivo era contrastar los hallazgos de la encuesta con opiniones que hacen parte de la muestra. De este espacio participaron los estudiantes javerianos Mateo, Alejandra, Valentina y María Paula[5]. El grupo focal sucedió con importantes limitaciones: tuvo lugar virtualmente y, a la mitad del espacio, Mateo y María Paula se retiraron.

Se considera que el participante promedio de la Asamblea Estudiantil Javeriana no asiste a la totalidad de las reuniones de la Asamblea ni a la totalidad de eventos del Paro Nacional y no está oficialmente comprometido con el movimiento Estudiantil. En este sentido, Mateo y María Paula son parte del promedio y lo representan. Alejandra Sánchez y Valentina Ávila estuvieron hasta el final; sin embargo, ellas ocupan roles de liderazgo dentro del movimiento y por ello no representan el estudiante promedio que participa de la Asamblea, que podría ser menos activo, informado y/o comprometido que ellas. Por estas limitaciones, no se considera que la información recopilada en el grupo focal sea representativa de la población analizada y mucho menos que permita hacer generalizaciones sobre esta, pero aun así se encontró valiosa para contrastar los datos colectivos recopilados con ideas individuales. Cabe destacar que Alejandra hace parte de la Asociación Colombiana de Representantes Estudiantiles de Educación Superior (ACREES), participó directamente en la elaboración del pliego de peticiones que se le presentó al gobierno y estaría en el grupo en contra de excluir cualquier actor del Paro Nacional. Valentina fue vocera de la Unión Nacional de Estudiantes de la Educación Superior (UNEES) y estaría en el grupo a favor de excluir algún actor del Paro Nacional.

La sesión se puede dividir principalmente en dos momentos: en el primero se les preguntó por qué creían que en las respuestas a las causas del paro la educación no había sido tan mencionada por los javerianos; y en el segundo se discutió sobre la relación entre el movimiento estudiantil y otros actores en la coyuntura del paro. En este momento solo estuvieron Alejandra y Valentina.

Frente al primer momento, los participantes coincidieron en afirmar que, aunque no fuera un asunto recurrente en la encuesta, ciertamente la educación es uno de los móviles más relevantes del Paro Nacional. Tanto así que las marchas por la educación fueron antecedentes muy significativos para el paro del 21 de noviembre. De este primer momento del grupo focal se concluye que la educación, aunque fue un asunto relevante en la agenda del Paro, no necesariamente lo fue para la población encuestada porque al pertenecer a una institución privada ellos se ve afectados por las políticas de educación de una manera diferente en relación con la población de universidad pública. En esta lógica, la participación de los javerianos en las movilizaciones sería, al menos con la causa estudiantil, más un acto de solidaridad que de militancia en sí misma. De esta manera, se pudo confirmar lo que contestaron en la encuesta inicial: en la población analizada están presentes también móviles distintos de la educación, como el abuso de la fuerza pública, el medioambiente y el neoliberalismo.

Cuando se retiraron Mateo y María Paula comenzó un intercambio de opiniones entre Alejandra y Valentina sobre las medidas concretas que se esperaba que el Estado implementara en función de las exigencias del Paro. Más allá de qué políticas esperaban que se aplicaran, la discusión giró en torno a la interacción entre el movimiento estudiantil y el Estado. Alejandra defendió la forma de organización representativa de su movimiento ante el Comité del Paro Nacional aunque reconoció las dificultades para representar a todos los actores inconformes en las mesas de negociación con el Estado y dirimir las diferencias internas del movimiento. También afirmó que era la única manera viable de sentarse a dialogar con el gobierno dado que para ella, la dificultad en llegar a un acuerdo dentro del movimiento social jugó a favor del gobierno y en contra del movimiento. Entre tanto, Valentina difería frente a las opiniones de Alejandra. Tras explicar la vinculación entre la UNEES y el movimiento indígena que ha permitido conocer de primera mano la realidad de la población indígena y así basar en ella a una parte del movimiento social, ella afirmó que lo mejor no era la democracia representativa sino la organización asamblearia. Para Valentina, la democracia representativa desconoce las realidades particulares de los grupos sociales que pretende representar. Además, indicó que algunas personas de ACREES se habían atribuido a sí mismas méritos que en realidad le correspondían a las bases sociales del movimiento estudiantil.

Finalmente, se preguntó explícitamente por las razones que la muestra encuestada se dividiera en dos grupos: uno a favor de excluir actores del Paro Nacional y otro en contra de hacerlo. Alejandra respondió primero defendiendo la importancia de lanzarse a la política si se tiene los medios para eso, pues los cambios que se buscan se deben dar por vías políticas y, luego, explicó que las razones de la exclusión son ideológicas, teóricas y políticas. Sostuvo que es necesario que haya participación política porque las reformas por las que se abogan en el paro son de naturaleza política y se defienden en escenarios de participación política y que, si una facción del movimiento estudiantil quiere excluir a partidos como el MOIR, el Polo Democrático e incluso a ACREES, es por razones de orden ideológico, pues no pensaban así frente a la totalidad de partidos políticos, por ejemplo, el partido comunista o el partido FARC. Según ella, esas diferencias no eran un motivo para deslegitimar la participación de ningún partido. A esto Valentina respondió que la oposición de ella no es en sí misma para que nazca la participación política del movimiento social, sino porque las organizaciones políticas instrumentalizan y cooptan en favor de sus agendas electorales al movimiento social y toma como ejemplo de esto al MOIR.

Del grupo focal es posible confirmar que, en efecto tiene aplicabilidad al caso el marco teórico gramsciano. Es correcto asumir al movimiento estudiantil como una clase subalterna en tanto que sus miembros, aún en medio de su heterogeneidad de ideas frente los móviles fundamentales del paro y las formas de organización, liderazgo y representación del movimiento mismo coinciden en un claro disentimiento del orden establecido y una preocupación por una transformación estructural en Colombia. Tanto en la encuesta como el grupo focal se preguntó por la interacción entre el movimiento estudiantil y las demás clases subalternas. Se evidencia que ese es el asunto más divisorio y podría ser el más urgente a resolver para la conformación de un bloque histórico, donde las disidencias se unan ante una misma causa. Es importante subrayar que estos debates internos son normales en la generalidad de los movimientos sociales y no es en sí novedoso encontrarlos en el movimiento estudiantil.

  1. Conclusiones

El objetivo de este trabajo era diagnosticar el estado del proceso de movilización del movimiento estudiantil entre noviembre de 2019 momento en el que comienza el Paro Nacional, y marzo de 2020 cuando las movilizaciones se atenúan por cuenta de la coyuntura de la pandemia de COVID-19. La observación más evidente que se deriva de esta investigación es que la población analizada no es heterogénea y, por ende, tampoco lo es el movimiento estudiantil. Se confirmó que no todos los estudiantes que participan del movimiento coinciden en cuáles son los objetivos concretos más relevantes en el Paro Nacional. Aún cuando las reformas a la educación han sido la bandera oficial del movimiento estudiantil, hubo muchos participantes de la muestra analizada con motivos distintos para marchar. Esto no desdice que las políticas nacionales de educación afecten también a los estudiantes de la universidad privada, ya que alrededor de la mitad de los estudiantes se encuentran en deudas difíciles de pagar con el ICETEX, pero sí significa que los afecta de distinta manera. En el Paro Nacional de 2019 fue llamativa la participación de la Pontificia Universidad Javeriana pues, por primera vez en la historia reciente de represión al movimiento estudiantil, el ESMAD ingresó al campus de una universidad privada. Cuando esto sucedió, los javerianos marchaban en solidaridad con la causa de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, cuya sede administrativa se encuentra al frente de la sede de la Javeriana en Bogotá. En ese sentido, sería más esperable que el motivo principal de los javerianos en el paro fuese protestar contra el uso desmedido de la fuerza pública, sin desconocer que existe empatía con las causas por la educación pública. En todo caso, esto confirma que el movimiento estudiantil, tal como la generalidad de los movimientos sociales, es heterogéneo.

Además, se identifica una división interna del movimiento en dos facciones en función de las formas de organización y representación. La primera de esas facciones la conforman aquellos estudiantes que consideran que el movimiento debería estar abierto a relacionarse con otros agentes del Paro Nacional, por ejemplo grupos de interés y organizaciones políticas con plena libertad. La posición de esta facción es respaldada por la ACREES y están dispuestos a aliarse con partidos políticos afines a sus ideas, además tienden a considerar que los canales institucionales establecidos son la vía correcta para llevar a cabo las reformas políticas que demandan y consideran formas de organización representativas para la toma de decisiones, es decir, donde el poder de toma de decisión se delega a uno o varios representantes. Esta es la facción que en la encuesta estaba en contra de excluir algún actor y calificó de manera más alta (aunque no de manera positiva) la participación de las instituciones hegemónicas en la coyuntura del Paro Nacional. Vale resaltar que entre los partidos u organizaciones políticas con las que esta facción se ha acercado está el Polo Democrático, el MOIR y, en menor medida la Alianza Verde, partidos que, aunque son minorías, han tenido un éxito relativo en los canales institucionales. Particularmente, en Bogotá el Polo y la Alianza Verde han llegado hasta la alcaldía.

Por otro lado, la segunda facción, que rivaliza con la primera en el ámbito interno del movimiento, está conformada por los y las estudiantes que rechazan la injerencia de partidos políticos o grupos de interés en el movimiento estudiantil. Estos estudiantes consideran que los partidos políticos o grupos de interés que intervienen en el movimiento y se alían con sus participantes lo hacen para cooptar adeptos en favor de su agenda política, que en muchas ocasiones no se relaciona con los intereses de los estudiantes y las bases sociales del movimiento. Rechazan que se instrumentalice al movimiento estudiantil en favor de otras agendas. Esta facción desconfía de los canales institucionales establecidos para lograr los cambios por los que militan y tienden a defender una organización en torno a la democracia radical, que en este contexto es aquella donde todos los intereses son representados y todas las partes tienen horizontalidad. La posición de esta facción es respaldada por la UNEES. En la encuesta, dicha facción estuvo a favor de excluir agentes del paro, señaló de manera reiterada al MOIR y al Polo Democrático y dio la calificación más baja a las instituciones hegemónicas en el Paro Nacional. No ha de pensarse que en esta facción no exista la participación en política. Por el contrario, en este grupo ha habido más acercamientos a la Unión Patriótica, el Partido FARC y la coalición política “Lista de la la decencia”, todos partidos que han sido históricamente perseguidos por el propio Estado, lo que explica la desconfianza de los canales institucionales. Lo anterior es coherente con que este grupo en la encuesta indique un nivel de participación ligeramente más alto en las manifestaciones del Paro Nacional. El paro en sí mismo tiene la característica de desbordar las vías institucionales y se escapa de lo que puede regular el Estado.

Estas observaciones, vistas a la luz de la teoría gramsciana, permiten identificar características del estado actual del proceso de cambio social en Colombia. Para Gramsci, el cambio social estructural se da en una crisis orgánica y requiere de un bloque histórico que lo lleve a cabo, es decir una unión donde todas las clases subalternas dejan de lado sus intereses particulares en favor de una causa común para transformar las instituciones que permiten a la élite dominante un ejercicio de control hegemónico. Aún cuando existen diferencias marcadas dentro del movimiento, es claro que los participantes coinciden en disentir del orden hegemónico establecido y en que es necesario un cambio. Sería iluso esperar que de golpe exista un bloque histórico organizado. Primero las clases subalternas disidentes del liderazgo hegemónico han de dirimir sus diferencias internas y luego las que tienen entre sí. Sin implicar esto una desaparición plena de la heterogeneidad natural de los movimientos sociales, al menos una de las clases subalternas debe lograr que las demás se apropien de sus valores e intereses.

Aunque en la encuesta hubo paridad en la cantidad de respuestas de estas dos facciones, eso no significa que en el movimiento estudiantil en sí mismo exista la misma paridad. Una de estas facciones podría en realidad ser minoritaria. Sin embargo, no es posible deducirlo a partir de esta investigación. Queda entonces abierta la puerta para aplicar la misma metodología en las asambleas estudiantiles de otras universidades o, incluso, en una muestra de mayor tamaño del movimiento estudiantil que incluya participantes de todo el país, y observar si estos resultados se repiten o son generales al movimiento, o si son distintos y, en ese sentido, particulares de los estudiantes javerianos. En este estudio no fueron incluidas variables ideológicas por lo que no es posible hacer aseveraciones muy precisas. Valdría la pena para futuros estudios incluir esa variable en las encuestas para determinar si juega realmente un papel en las divisiones internas del movimiento.

Por otro lado, la identificación de las dos facciones dentro del movimiento estudiantil no implica que en el movimiento no haya cohesión. Pese a esa división, las dos facciones hacen parte de la misma asociación política que ha luchado a lo largo de la historia en contra de un orden establecido y en busca de un cambio estructural. Por ende, se podría estar hablando internamente de una democracia agonista donde, según Chantal Mouffe (2011), ambas partes del natural conflicto interno se conciben como completamente legítimas y participantes del debate. Por lo cual no habría que esperar un consenso entre las partes, sino más bien que esos debates internos continúen sin que las diferencias, aun si son irreconciliables, lleven a la desaparición de una parte del movimiento o del movimiento mismo. Esto se constata al observar la acción colectiva del movimiento precisamente en las protestas del Paro Nacional donde, aún a pesar de la división interna, se cuenta con un repertorio común y unas demostraciones simbólicas de unidad, con un valor, con un compromiso y con campañas que buscan hacer publicas sus reivindicaciones. También puede observarse que, aunque existen divisiones en torno a la filiación con partidos políticos, en escenarios de comicios los militantes de la UP, Colombia Humana, Polo Democrático y Alianza Verde suelen en su mayoría estar dispuestos a ceder y votar entre sí.

Sin embargo, la división interna del movimiento estudiantil sí dificulta la propagación de un mismo sentido común y, en últimas, su ascenso como bloque histórico en términos de Gramsci, para quien las clases subalternas deben actuar de forma organizada para producir transformaciones estructurales favorables a sus intereses. Empero, a pesar de las dificultades que tendrían para establecerse como un bloque histórico, una de las clases subalternas podría tomar la iniciativa que conlleve a la alianza de todas las clases subalternas y de esta manera consolidarse como un movimiento de oposición de izquierda fuerte. Siguiendo en la lógica de Mouffe (2018), a través de un movimiento de oposición fuerte se podrían realizar cambios políticos importantes por medio de las instituciones gubernamentales. Esto quiere decir que no es necesario romper con la democracia liberal ni crear una nueva estructura, sino que a través de la unión de clases subalternas en un bloque de oposición es posible radicalizar en las instituciones ya existentes la democracia misma y tramitar las demandas propias de ese bloque. Esto sería un antecedente fundamental para la eventual transformación de la hegemonía.

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Szurmuk, M., e Irwin, R. (2009). Diccionario de estudios culturales latinoamericanos. (1era Edición). México: Siglo XXI Editores.

 

* Artículo de investigación científica y tecnológica

**Estudiante de la Carrera de Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Pontificia Universidad Javeriana. Correo de contacto: jose_escobar@javeriana.edu.co

***Estudiante de la Carrera de Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Pontificia Universidad Javeriana. Correo de contacto: maria.perea@javeriana.edu.co

****Estudiante de la Carrera de Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Pontificia Universidad Javeriana. Correo de contacto: danielaosorio@javeriana.edu.co

*****Estudiante de la Carrera de Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Pontificia Universidad Javeriana. Correo de contacto: gabriel-rivera@javeriana.edu.co

********Estudiante de la Carrera de Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Pontificia Universidad Javeriana. Correo de contacto: ro_nicolas@javeriana.edu.co

[1] La Ley 30 de 1992 “Por la cual se organiza el servicio público de la Educación Superior”, buscó adecuar la Educación Superior en Colombia al proceso de apertura económica que para entonces llevaba a cabo el presidente César Gaviria.

[2] Véase pliego de peticiones del 27 de septiembre de 2018.

[3] La desviación estándar, en la medida que su número sea más alto, representa mayor dispersión de datos y con ello mayor diversidad en las opiniones. Los datos son acompañados de su respectivo diagrama de barras con las respestas.

[4] Se entiende a los partidos políticos como actores contrahegemónicos, los que se declaran en oposición, además de que apoyaron el Paro Nacional. Los partidos hegemónicos que están en el gobierno no participaron del Paro Nacional.

[5] Todos los participantes aceptaron explícitamente que su nombre real se usara en este trabajo.